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Culturas primigenias: El Paleolítico
El Paleolítico es el período más extenso de la historia del ser humano
La Prehistoria es el periodo de tiempo transcurrido en la vida de la humanidad desde su aparición, cuando irradia el hombre, (hace entre 2.600.000 y 3.000.000 años), hasta el descubrimiento de la escritura (en el siglo IV a. C.); aunque ni la aparición del ser humano ni la invención de la escritura son fenómenos sincronizados en todas los lugares de la Tierra. Al período de tiempo anterior a la aparición del hombre se le conoce como Historia Geológica. Si el marco de referencia abarca desde la aparición de los primeros antepasados del hombre, el estudio se remonta a 6.000.000 años.
En África, donde se registra científicamente la aparición del ser humano, los albores de la Prehistoria quedan vinculados a la paleontología con el estudio de los primeros homínidos.
De modo convencional se establece que la Historia comienza con el origen de la escritura de los documentos escritos. La escritura —tampoco aflorada sincrónicamente en la Tierra, se difunde por aculturación y adaptada a las diversas lenguas— es muestra de un elevado grado evolutivo y organizativo, a la par que los documentos son fuente fidedigna de información respecto a los sistemas de pensamiento y las superestructuras que la cultura material no proporciona, tales como la constitución de la familia, las dataciones precisas, las categorías conceptuales, los sistemas de clasificación empíricos y otros equivalentes en el estudio). Sin embargo, dado que la escritura no aparece en todo el mundo en las mismas fechas, tampoco la Prehistoria finaliza al mismo tiempo.
La separación entre la Prehistoria y la Historia Antigua recoge, además, criterios económicos y sociales junto a los cronológicos, al ser éstos básicamente ideográficos mientras que aquéllos ofrecen una perspectiva científica. Según esta última concepción el fin de la Prehistoria y el inicio de la Historia lo determinaría una estructuración progresiva de la sociedad: jerarquización social, idea y modificación del medio, poder administrativo, prácticas financieras, comercio creciente y distante, transmisión del conocimiento, sentimiento de trascendencia, etcétera.
El Pleistoceno
Época geológica iniciada hace entre dos millones y medio y tres millones de años, finalizada hace entre diez mil y veinte mil años. Parte inferior de la era Cuaternaria. Es la época de las glaciaciones que alternan con periodos interglaciares más largos. El Pleistoceno viene dominado por la historia de los hombres fósiles, Paleolítico inferior y medio: australopitecos, pitecántropos, neandertalenses y los primeros Homo sapiens.
El hombre apareció hace unos tres millones de años. Desde hace unos dos millones la tierra ha sufrido períodos glaciares donde gran parte de Norteamérica y Europa quedó bajo gruesas capas de hielo durante mucho tiempo. Al cabo, y de manera acelerada, los hielos dieron paso a un periodo interglaciar en el que vivimos. El proceso se repite cada cien mil años, aproximadamente. La última época glaciar acabó hace unos quince mil años y produjo un cambio fundamental en los hábitos del hombre a partir de los descubrimientos de la agricultura y la ganadería. La suavización de las condiciones térmicas ocasionó el paso del Paleolítico al Neolítico, pasando por el Mesolítico, hace unos cinco mil años.
Dentro del Pleistoceno se sitúa el Paleolítico, periodo cultural de los cazadores y recolectores, iniciado hace aproximadamente dos millones y medio de años y concluyó hace diez o doce mil años. Al parecer, los hombres se dedicaban a la caza y las mujeres a la recolección; vivían en pequeñas comunidades familiares que se trasladaban de un lugar a otro, refugiándose en cuevas o abrigos naturales cerca de los ríos; la piedra, la madera y los huesos fueron sus utensilios característicos. Este período de primigenia cultura humana se divide en tres: Paleolítico inferior, Paleolítico medio y Paleolítico superior.
Las fechas que diferencian los periodos paleolíticos no siempre coinciden en los yacimientos de Europa, África o Asia. Así. El Paleolítico inferior en el continente africano comienza hacia los dos millones y medio de años y termina entre los 200.000 y 250.000 años; en el continente europeo no constan fechas que superen los 800.000 años de antigüedad; en el continente asiático si hay fechas entre un millón cuatrocientos mil y un millón de años (en Ubeidiya y en Nihewan). Entre los 250.000 y 200.000 años comienza el Paleolítico medio, hasta los 40.000 años; en esta fecha comienza el Paleolítico superior, con punto y final hace 10.000 años.
El Paleolítico inferior
En este período emergieron y vivieron varias especies de Homo, provocando incipientes manifestaciones culturales ya hace 2.500.000 años. Tiempo adelante, hace unos 1.8 millones de años, en África surgió el Homo erectus. A estos hombres erectos, los antiguos Pitecanthropos, se asocian herramientas hechas de piedra, sílex, trabajadas en sus dos caras, bifaz, que los arqueólogos denominan hachas de mano. Estos utensilios son de tamaño, peso, forma y grado de acabado diferentes: ovalados, triangulares o puntiagudos; en el continente africano su antigüedad es de 1.500.000 años. En Europa estas hachas bifaces no alcanzan, por el momento, más de un millón de años y reciben el nombre de los yacimientos donde fueron halladas; así se han conocido las industrias abbevilliense y acheulenses (nombres de las localidades francesas de procedencia).
El Paleolítico medio
Este periodo abarca entre los 230.000 y 40.000 años, inserto en la catalogación geológica del Pleistoceno medio y el Pleistoceno superior. Queda vinculado a tipos de instrumentos como lascas, raspadores, puntas, también hachas de mano perfeccionadas respecto a sus antecesoras; predominan los instrumentos del tipo mencionado de lasca, aunque no faltan los de núcleos y de láminas. La industria musteriense (nombre derivado de Le Moustier), compleja y desarrollada, corresponde al homónimo estadio cultural del Paleolítico medio, en Europa, caracterizado por la evolución en las técnicas de talla. No obstante, este periodo paleolítico ofrece en sus restos gran variación de industrias propias y distinta cronología, ya que la realidad paleolítica europea no es la misma que la africana o la asiática.
El Paleolítico superior
Es la última etapa del paleolítico, registrada entre los 35.000 y 40.000 años. Aparecen en Europa, África y Asia conjuntos de instrumentos hechos a partir de láminas u hojas, producto de industrias líticas asociadas a la especie Sapiens, el Hombre moderno; pese a que los primeros restos de los Homo sapiens son más antiguos que estos instrumentos, localizados en África del Sur. Las industrias líticas más conocidas son la auriñaciense, la solutrence y la etapa magdaleniense, aunque la complejidad de los instrumentos y la diversidad de sus nombres es notable en cada uno de los continentes. Es probable que la industria llamada chatelperroniense, datada hace 36.000 años, sea una industria puente entre los instrumentos propios del Paleolítico medio y los del Paleolítico superior, asociados a los últimos neandertalenses. Ciertamente, hacia los 35.000 años de distancia con el presente cronológico, el Hombre moderno, el cromañón, se expandió y proliferó por el continente europeo reemplazando al neandertal.
La caracterización del Paleolítico
El Paleolítico es una etapa de la Prehistoria caracterizada por el uso de útiles de piedra tallada (la Piedra Antigua), aunque también fueron utilizadas otras materias primas orgánicas tales como huesos, astas, maderas, cuero, fibras vegetales y otras de menor importancia práctica.
El Paleolítico es el período más extenso de la historia del ser humano. Etimológicamente significa Edad Antigua de la Piedra, término acuñado por el arqueólogo John Lubbock en 1865, por oposición al Neolítico (Edad Moderna de la Piedra); constituyendo ambos la Edad de Piedra (remarcando cronológica y científicamente la elaboración de utensilios de piedra para establecer la frontera con la Edad de los Metales).
El modo de vivir era simple: cazar y recolectar; conseguir alimento, leña y materiales para sus herramientas, vestimenta o refugio. La caza como actividad desarrollada apenas fue tal al principio del Paleolítico, predominando la recolección y el servirse de la carne y pieles de animales muertos.
A medida que el ser humano progresa física, social y culturalmente la caza va ganando importancia. Los primeros homínidos, australopitecos y Homo habilis, casi ignoraban la caza; vivían de la recolección de tubérculos, raíces, cortezas, brotes tiernos, frutas y semillas o de capturar pequeños animales: insectos, reptiles, roedores, crías, huevos y de animales muertos o enfermos. Los arcántropos ya cazaban, pero su órbita alimentaria continuaba en la recolección y la carroña o las capturas oportunistas o con trampas.
Los genuinos humanos cazadores son los neandertales y los humanos modernos, que, sin embargo, nunca dejaron de ingerir vegetales, pequeños animales o carroña. La caza casi siempre se hacía por medio de trampas. El Hombre de Neandertal y el Hombre Moderno también aprendieron a pescar por medio de arpones, redes o anzuelos.
Parece ser que el ecosistema nunca se vio amenazado. Los cazadores y recolectores del Paleolítico actuaban según exigía la necesidad, sin hacer acopio de productos; incluso reciclaban la carroña. La población humana era escasa y la naturaleza proporcionaba lo suficiente para vivir.
Dado el dimorfismo sexual y la edad, cabe suponer que hubiese adaptación de tareas entre hombres y mujeres, niños, adultos y ancianos; también y para situaciones que requerían habilidades extraordinarias conseguían aquellas sociedades adecuar especialistas en los diferentes ámbitos requeridos: trascendente, doméstico, común. Cada miembro del grupo, el gregarismo es inherente a la supervivencia, era capaz de hacer de todo precisamente para sobrevivir, al margen de la capacidad intrínseca e individual; pero buscaban el indispensable complemento en el prójimo.
A lo largo de tan extensa etapa, seguro hubo líneas de cultura edificadas en el patriarcado, el matriarcado, la jerarquía y el dominio por conocimiento o habilidad. Puede suponerse que, dadas las circunstancias, el liderazgo no implicaba los privilegios que hoy enmarcan ciertas actividades y renombres; ni que por tanto fuera vitalicio o hereditario. Los conflictos dentro del grupo, con bajo número de individuos y espacio disponible y deseos de congregación para el común esfuerzo y beneficio, no parecen probables.
Una estimación de censo apunta a los diez millones de seres humanos en la Tierra, en constante aumento, eso sí.
La atracción y misterio hacia lo sobrenatural es un hecho en estas sociedades primitivas. En la "Sima de los Muertos", yacimiento en la Sierra de Atapuerca, Burgos, aquellos originarios pobladores depositaban sus cadáveres en un lugar específico, elegido sagrado para este fin trascendente. Los restos humanos ya no son abandonados allá donde fenecen o diseminados en el paisaje que va y viene. En adelante, los neandertales enterraron a los muertos junto a ofrendas para el tránsito y recepción en el insondable Más Allá. A consecuencia de este afán trascendente, de la necesidad de encontrar o crear respuesta a interrogantes máximos y al miedo que sojuzgaba el diario quehacer, primordialmente bajo el manto de la oscuridad, los fenómenos atmosféricos, el dolor, la enfermedad inexplicable e incurable, el ruego y la apelación a la fortuna, emana una "expresión artística" a ello tendente; también a rememorar los logros y a explicar los cometidos. Hace treinta mil años nació el Arte Paleolítico (aunque el arte rupestre eclosionara hace entre 15.000 y 10.000 años). Las obras de arte paleolítico fueron pintadas en las paredes de las cuevas —arte parietal— o decorando objetos de uso cotidiano —arte mobiliario— sobre todo de hueso, como arpones, puntas de lanza, bastones; también toscamente esculpidas a modo de representación iconográfica de lo frecuente y tangible.
Eduardo Martínez Orgaz
¬ 25/10/2008