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Los Arqueosaurios (1)

 

 

En la Era Mesozoica (que se extiende aproximadamente entre 230 millones de años, al final del Pérmico, sexto y último periodo del la Era Paleozoica, y 65 millones de años, comienzo del Paleoceno, primera época del periodo Terciario) tuvo origen el importante grupo reptiliano de los Arqueosaurios. En él quedan incluidos, entre otros, los dinosaurios grandes y pequeños. Como vestigio de esta familia en otros tiempos predominante, cual reliquias que infunden miedo y antigua curiosidad, persisten los cocodrilos. Pero se olvida o no alcanza al común de los mortales, la certidumbre de que los Arqueosaurios fueron precursores de las aves.

 

El origen y ascensión de los Arqueosaurios se halla relacionado con los evolutivos perfeccionamientos de la locomoción. Los primitivos tetrápodos, subieron a tierra con sus cuatro patas muy abiertas hacia los lados; el mismo tipo de postura propio de los reptiles ancestrales, conservado hasta el presente en las tortugas, que con esta disposición se encerraron en sus conchas o caparazones.

    Este método locomotor era ineficaz, lento y desmañado para la marcha en tierra. Tanta proporción del esfuerzo muscular disponible debía consumirse en mantener el cuerpo levantado sobre el suelo, que apenas quedaba para la progresión hacia delante.

    Los lagartos muestran una pequeña mejora, poco importante; las serpientes, en cambio, han abandonado esta disposición locomotora. El reptil terrestre de antaño tuvo que desarrollar un nuevo método de locomoción.

 

Los reptiles que dieron origen a los mamíferos continuaron siendo cuadrúpedos, siguieron marchando sobre sus cuatro patas, aunque perfeccionando la posición de las patas anteriores y posteriores.

    Pero era posible otro modo de perfeccionamiento postural o evolución locomotora, que fue el adoptado por los Arqueosaurios. En miembros antiguos de este grupo, progresivamente se abandonó, erróneamente, toda posible mejora de las patas anteriores; que se atrofiaron o fueron destinadas a fines distintos de la locomoción terrestre, fijada fundamentalmente la atención en las patas posteriores. Las rodillas giraron hacia delante y se aproximaron bajo el cuerpo. Con esta nueva posición era factible una zancada más larga y, además, los huesos de las patas podían soportar directamente el peso del cuerpo relevando a la musculatura de gran parte de su esfuerzo previo. El extremo anterior del cuerpo se alzó hacia una pose bípeda, las patas delanteras se liberaron de la toma de contacto con el suelo; el cuerpo era sostenido por las patas posteriores mientras una cola larga y delgada obraba como contrapeso. Con esta disposición, el animal se convirtió en un buen corredor, capaz de atacar y defenderse.

 

Los más antiguos Arqueosaurios, pertenecientes al orden básico Tecodontos (reptiles pequeños y ágiles con los dientes implantados en alvéolos), aparecieron en el periodo Triásico (primer sistema de la era secundaria, comprendido entre el Pérmico y el Jurásico, que duró desde hace 230 millones de años a 180 millones de años) en los albores de la mesozoica Era de los Reptiles. Un representante significado de esta temprana etapa es el Euparkeria, de alrededor de un metro de longitud, incluida la cola, de aspecto semejante al del lagarto si exceptuamos que sus patas anteriores y posteriores estaban más cercanas al cuerpo, cuyo esqueleto se ha encontrado en depósitos sudafricanos de aquella época. Seguramente, cuando no sentía apremios ni amenazas, marchaba a cuatro patas pues las anteriores aún eran útiles, pero si mediaba la prisa o el hambre, pues era depredador, podía erigirse sobre sus patas traseras y correr al modo bípedo.

Euparkeria

Euparkeria corriendo al modo bípedo

 

    Se conoce gran variedad de Tecodontos del Triásico. Muchos tendieron a continuar en gran medida como cuadrúpedos. Frecuentemente desarrollaron una armadura de placas, posiblemente como protección frente a otros congéneres mayores y más voraces; algunos, los Fitosaurios (el Rutiodon, el Metriorhynchus) retornaron a una vida anfibia en el agua; otros, sin embargo, mantuvieron y fomentaron el desarrollo de hábitos bípedos. Algunos de los Tecodontos más avanzados muestran transiciones a una condición de dinosaurios típicos.

Rutiodon

El Rutiodon se asemeja al cocodrilo, pero sus orificios nasales se abrían muy por detrás, entre los ojos.

Metriorhynchus

El Metriorhynchus, con sus 4 metros de longitud, es un cocodrilo marino del Jurásico, que desarrolló una aleta dorsal parecida a la de los peces. 

 

El menos vistoso o espectacular, por decirlo así, de los grupos de Arqueosaurios es el orden Cocodrilianos. Los individuos de este orden no han conseguido transformarse en seres bípedos; en lugar de ello, retrocedieron a la postura cuadrúpeda y regresaron al líquido elemento, siendo esporádicas sus incursiones fuera del agua.

    Ya en el Triásico se han descubierto formas de transición entre los Tecodontos y los cocodrilos típicos; y hacia comienzos del Jurásico (sistema y periodo de la era secundaria que duró desde 180 millones de años a 135 millones de años) aparecen reptiles que, en todos sus caracteres básicos, no se distancian mucho de las condiciones actuales de caimanes y cocodrilos. El único rasgo por el que los miembros de este grupo difieren de los reptiles corrientes, es una curiosa estructura nasal que les permite respirar fácilmente aunque permanezcan en el agua con la boca abierta para la captura de presas. En un reptil típico, las coanas se abren directamente en el techo de la boca, de modo que cuando ésta se halla abierta en el agua la respiración aérea es imposible. Los cocodrilos han desarrollado un "paladar falso" que se extiende a lo largo del techo del hocico, de modo que mientras el extremo del morro sobresalga del agua la respiración es viable aunque la boca esté completamente abierta.

    Desde el periodo Jurásico, los miembros de esta línea principal de cocodrilianos han sufrido pocos cambios estructurales, a excepción de algunos perfeccionamientos del aparato respiratorio y modificaciones de la columna vertebral.

    En los mares del Jurásico superior aparecían algunos cocodrilos puramente marinos, equiparables, en cierta medida, a los Ictiosauros (Ictiosaurios), ya que transformaron sus patas en paletas timoneras y desarrollaron una cola pisciforme reducida pero hábil. No obstante, estas formas desaparecieron pronto, y la historia evolutiva del grupo es de una continuada monotonía.

    Grupo monótono que, sin embargo, ha sobrevivido y continúa vigente en la actualidad. Otros Arqueosaurios evolucionaron florecientemente hacia dinastías avanzadas de dinosaurios, contemplados hoy con respeto, admiración y sobrecogimiento por sus tamaños, mito y hazañas vitales; pero desaparecieron de la faz de la Tierra hace millones de años. Mientras que los cocodrilos y las tortugas, cuántas veces desdeñados o menospreciados, están aquí, siguen existiendo.

 

Otro grupo muy divergente de descendientes de los Tecodontos que progresaron hacia un modo de vida netamente bípedo, en el que las patas anteriores persistieron a pesar de su falta de uso en la locomoción, son las aves primigenias. En este grupo, las estructuras locomotoras anteriores, que denominaremos indicativamente brazos estaban aún en el animal y disponibles para una nueva utilidad. Por ejemplo el vuelo o similar.

    Dos veces, entre los descendientes de los Tecodontos, sucedió la transformación de los brazos en estructuras de tipo ala. Una decisiva modificación en este sentido condujo a la aparición de las aves; una segunda y temprana tendencia del mismo estilo pero que acaeció distinta e independiente de la línea de las aves originó los reptiles voladores, el orden Pterosaurios, reptiles alados, manifestado en el Jurásico inferior, perviviendo hasta casi el final de la Era de los Reptiles.

    La más conocida de unas formas jurásicas relativamente primitivas es la Rhamphorhynchus. Animal volador de como máximo un metro de longitud y quizá lo mismo de envergadura, de cuerpo compacto, débiles patas posteriores, larga cola, rígida, con una estructura rómbica de piel actuando como timón y brazos (en función de alas estrechas y puntiagudas) sumamente desarrollados, en los que tres de los dedos eran cortos y provistos de garras pero el cuarto era enormemente alargado y soportaba un ala que, como la de los murciélagos y en contraste con la de las aves, era una ancha membrana tegumentaria. Su nombre significa "pico de rapaz", adecuado, ya que las mandíbulas, aunque largas y delgadas, estaban armadas de poderosos y filosos dientes. Probablemente, el Rhamphorhynchus, habitante del Jurásico superior, se alimentaba de pequeños peces, zambulléndose en sus sobrevuelos a tal fin.

Rhamphorhynchus

Rhamphorhynchus

 

    Los Pterosaurios abundaron, con varios tipos, durante gran parte de la Era de los Reptiles. También en el Jurásico superior predominaron formas pequeñas como el Pterodactylus, algunos de cuyos ejemplares eran del tamaño de un gorrión y otros, en alcance máximo, del de un gavilán. Su cola era sencillamente un muñón, un embrión de cola, mientras que sus alas eran largas y sus dientes estaban reducidos, probablemente con un desarrollo incipiente de un pico córneo como el de las aves. Ni el Rhamphorhynchus ni el Pterosaurio son antepasados de las aves.

Pterodactylus

Pterodactylus

 

    En el periodo Cretácico superior se desarrollaron tipos gigantes de reptiles alados como el Pteranodon, con una supuesta envergadura de ocho metros. El Pteranodon era un Pterosaurio gigantesco, con alas constituidas por un repliegue de piel, como todas las de los Pterosaurios; su boca era vigorosa pero desdentada y por la parte posterior del cráneo tenía una cresta ósea. El Pteranodon era rival de los saurios acuáticos como el Tylosauro (o Tylosaurus).

Pteranodon (voladores) y Tylosauros (marinos)

Pteranodon, voladores y Tylosauros, marinos

 

    Como muchos otros grupos de reptiles, los Pterosaurios no sobrepasaron el final del Cretácico, tal vez por su incapacidad para competir con las aves propiamente dichas, desarrolladas igualmente a partir del primitivo tronco Arqueosaurio.

    Si consideramos la estructura de los Pterosaurios se deduce en qué fallaba. El ala era una estructura embarazosa, pues era una simple "vela" sin soportes, a excepción del anclaje al quinto dedo por delante y a los lados del cuerpo por detrás, en contraste, por ejemplo, con la citada ala de los murciélagos en la que toman parte los cinco dedos. La "vela o sábana" tenía pocas posibilidades de ajuste y maniobra. Seguramente los Pterosaurios quedaban mayoritariamente limitados a realizar planeos más que vuelos en sí, con las alas en posición fija. No menos molesta debía ser la estructura de las patas posteriores.

    Cabe pensar que el antecesor Pterosaurio fue bípedo, capaz de correr apoyado en las patas posteriores. Sin embargo, cuando los Pterosaurios aparecen en el registro geológico las patas posteriores se han debilitado y especializado, por lo que es inviable el haberse sostenido erectos sobre ellas. La función de las patas, puede, se circunscriba a mantener una posición de reposo, quizá colgado de una rama cabeza abajo al estilo del murciélago.

Francisco Blanco y María Alexia Mayo

¬ 09/10/2009