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Lagunas litorales
El agua distribuida en la atmósfera tras volver a la superficie terrestre en una de las formas de precipitación y canalizarse a lo largo de uno de los diversos cursos de agua, debe retardar su curso en correspondencia a una zona más o menos llana de una permeabilidad tal que limita el flujo absorbiendo una parte del agua en movimiento o esparciéndola en zonas adyacentes más o menos extensas. Este fenómeno de acumulación, por circunstancias análogas, puede suceder en las proximidades de un lago o del mar, donde el curso de agua desemboca.
Tipos de conformaciones lagunares
Los cursos de agua que se expanden sobre la llanura más o menos extensa y particularmente impermeable en la que han desembocado, son en parte absorbidos antes de proseguir su curso y, a veces, después de haber fluido a través de un espejo de agua más o menos profundo en el que se estabiliza. Este primer supuesto formativo hace referencia a las lagunas interiores, por lo general de agua dulce.
La desembocadura en el mar de un curso de agua de cierta importancia, capaz de arrastrar en su recorrido grandes masas de materiales de aluvión disueltos que, al depositarse junto a la desembocadura, modelan los consistentes cordones litorales que constituyen el origen de una laguna. Este segundo supuesto formativo se refiere al desarrollo de las lagunas litorales, con aguas más o menos saladas, según el volumen de las vías de comunicación establecidas entre las aguas de llegada y los espejos acuosos marinos en los que desemboca el curso de agua.
Lagunas y lagos costeros
Un tercer caso de formaciones lagunares es consecuencia de que a lo largo de los litorales el oleaje tiende a erosionar los promontorios y a colmatar las ensenadas.
Frente a una ensenada más o menos pronunciada, el mar tiende a unir los promontorios que la delimitan a lo largo de la costa, formando un cordón litoral que acaba obstruyendo la bahía originando los lagos costeros, que sin ser auténticas lagunas, no obstante adquieren sus características.
Las mareas en la geoformación de las lagunas
Las mareas son un factor importante aunque no indispensable en la consolidación de las lagunas en las zonas litorales. El fenómeno de las mareas contribuye de manera notable a la formación de cordones de materiales de aluvión interrumpidos en diversos puntos y por tanto sujetos a la acción intermitente de la marea y especialmente de las corrientes que genera. Los espejos de agua delimitados por cordones de esta clase se denominan lagunas vivas; y se denominan lagunas muertas los espejos de agua hacia el interior, donde los fenómenos de marea repercuten en menor medida. Cuando estos fenómenos son despreciables o casi, la formación de las lagunas puede tener lugar solamente donde los materiales transportados por las corrientes fluviales se presentan en considerable cantidad.

A causa de la menor densidad del agua dulce, la cual necesariamente debe distribuirse en superficie en el ambiente salado, los materiales de aluvión disueltos son obligados a depositarse en proximidad de la desembocadura. En la masa de tales depósitos, que obstaculiza el flujo regular de los cursos de agua incidentes, la corriente fluvial residual llega a crear nuevas vías de flujo que favorecen la formación de un delta provocando a la vez el drenaje de las aguas que determinan la formación de nuevos emisarios; que también serán obstruidos por futuros cordones que posibilitan la consolidación de nuevas formaciones lagunares interiores destinadas a anular o casi los efectos de las acciones de la marea.
Diversas formaciones lagunares interiores, consiguientes al vertido de un curso de agua en un lago o a su distribución sobre una amplia llanura, dan lugar al desarrollo de la vegetación lacustre (o palustre), que es la propia de los terrenos aguanosos, intrincada por los rizomas de diferentes especies pseudoherbáceas de tipo gramíneo o de cañas palustres, que florecieron y murieron en el mismo lugar, transformándose en depósitos carboníferos dispuestos sobre capas sucesivas, ante cuya masa las aguas progresivamente se retiraron dejando una turbera.
Fenómenos de esta clase son típicos de la prehistoria, cuando el hombre no sabía o no podía intervenir para eliminar la vegetación exuberante. Las turberas todavía presentes en las proximidades de los lagos en diversas zonas del planeta dan testimonio del hecho. Por citar únicamente la región europea, son visibles estas turberas en Holanda, Francia (sector noroccidental), Alemania (central y meridional), Irlanda, Escocia, Suecia, Noruega y Austria.
Otras lagunas de idéntico origen pero de superior valor y renombre, son las formadas en la zona de los Grandes Lagos de Norteamérica y del septentrión europeo, las cuales de turberas se transformaron en yacimientos de antracita que es el más avanzado estadio de fosilización de la madera. También han aparecido estos cotizados depósitos en Inglaterra y en Rusia.
Obstrucción y erosión
La localización de las lagunas las hace estar sujetas al fenómeno de la obstrucción, promovido por el establecimiento urbano y por las enormes masas de aguas turbias que originarias de las zonas erosionadas se vierten en los espejos de agua lagunares. La acumulación de los materiales que penetran amenazando con la obstrucción es regulada en gran medida por el flujo y reflujo de las mareas de las aguas marinas exteriores, a través de las bocas abiertas en los cordones litorales o las playas que las delimitan.
Las aguas saladas penetran en la laguna por las bocas, que suelen ser profundas, durante la marea alta. Tras invadir la laguna viva y gran parte de la muerta, durante la marea baja se retiran junto con las aguas dulces aportadas por los ríos regulando el equilibrio de los fondos en el territorio lagunar.
El conjunto de los fenómenos es activado por las corrientes de marea a las que sustancialmente se debe la excavación de los canales que constituyen las vías navegables interiores de las lagunas. Canales que deben ser vigilados y dragados constantemente para asegurar la profundidad. En cambio no se alteran las zonas recubiertas de vegetación herbácea que son útiles para mantener la labor de los agentes naturales, indispensable para asegurar el equilibrio del ambiente.
El establecimiento humano
El ambiente lagunar ofrece una inagotable fuente de alimento, un número relevante de espacios para la vida y amplio contacto con el medio marino adyacente, lo que favorece el establecimiento humano en la mayoría de zonas lagunares existentes en la Tierra.
Los primeros hombres eran cazadores y pescadores, todavía ignorantes de la agricultura, habitando en palafitos elevados a varios metros sobre el suelo húmedo y blando, fueron depredadores de los panales de miel y de los frutos de las plantas y árboles alrededor, así como de la fauna intrínseca del territorio lacustre.
Como ejemplo de la evolución humana en torno a las zonas palustres convertidas por la acción del tiempo en turberas o yacimientos carboníferos, en el siglo V de nuestra era los hunos de Atila encontraron la zona pantanosa del bajo Po (río en la península itálica) en un estadio evolutivo altamente avanzado.
La protección del paisaje lagunar
Una transformación profunda se ha operado en el último siglo y medio en el paisaje lagunar por la intensificación de las obras de saneamiento e irrigación.
Los primeros saneamientos del periodo indicado siguieron el principio del drenaje natural de las aguas, con resultados tangibles.
Ha sido posible garantizar la obtención de los drenajes necesarios en relación a la vastedad del intrincado territorio, defendiendo la zona lagunar a la vez contra los excesivos aportes de los ríos y contra la invasión del agua salobre del mar y reduciendo al mínimo indispensable la confusión originada entre las situaciones creadas por la naturaleza y las obras humanas.

Para favorecer la mejora de la situación, en la primera mitad del siglo XIX se procedió con éxito a un ambicioso intento de aplicación del método holandés de elevar las aguas de nivel inferior al del mar, utilizando bombas de desecación que ya en 1837 permitieron recuperar numerosas y amplias zonas situadas hasta a tres metros por debajo del nivel del mar: el pólder o los pólderes.
La urbanización en las zonas lacustres
El desarrollo de la urbanización en todas sus manifestaciones se está llevando a cabo sobre directrices que impiden perjudicar irremediablemente las características del paisaje. A la necesidad humana de expansión se opone la de conservación del medio.
El mismo desarrollo de la zona industrial ha de ser compatible con las tradiciones locales. Incluso un gran centro rico en arte, historia, leyendas y turismo como Venecia, comprende que su principal atractivo es el lugar. El ejemplo de los grandes emporios holandeses, tipo Ámsterdam, donde un tráfico multiforme se desarrolla en estrecho contacto con un centro urbano que tanta analogía tiene con Venecia, demuestra que la vitalidad bulliciosa, el tráfago, el negocio y el crecimiento demográfico y urbanístico, puede resultar compatible con las características de una ciudad ligada a altas tradiciones de historia y arte.
La pesca en las lagunas
La faceta pesquera en las lagunas es interesante, porque sus aguas a menudo albergan notables especies marinas que se adaptan a las aguas salobres. En los mares europeos suelen frecuentar las lagunas especies como las anguilas, las lisas, corvinas, lubinas, doradas, etc., donde son capturadas preferentemente por los pescadores profesionales y por aficionados que usan aparejos de tipo comercial.

En el mar Mediterráneo la pesca en las lagunas es ejercida principalmente por los profesionales con redes de situación y redes del tipo de trasmallo.
La pesca deportiva, con caña y molinete, también aparece en estas zonas palustres.
Verdaderos paraísos deportivos son las lagunas tropicales y subtropicales por el gran valor de las especies que en ellas se encuentra. Ejemplos de peces: tarpon (Megalops atlanticus), snoock (Centropomus unidecimalis) y bonefish (Albula vulpes).
Algunas especies, como las anguilas, pican en estos lugares más vorazmente que en otros. La pesca de las lisas es, a veces, más difícil en laguna que en mar abierto. Más factible, por los diversos cebos empleados, es la pesca de la lubina.
Andrea Morato
¬ 19/02/2010