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La interpretación de las metáforas (y 2)
La metáfora cuenta algo o mucho o todo de la experiencia vital y de los procesos emocionales de quien la emplea. Aunque cueste hablar de contenido dejando a un lado las representaciones mentales y las intenciones, la metáfora concierne a su autor.
Según el semiólogo Sandro Briosi, que trata el tema del recorrido generativo de la metáfora, las metáforas creativas provienen de un acto de intencionalidad del mundo que antecede al trabajo lingüístico y lo motiva. Una vez interpretada, la metáfora predispone a ver el mundo de otra manera, pero para interpretarla cabalmente hay que preguntarse cómo muestra el mundo de esa forma nueva. Al entender una metáfora, o al aceptarla en el contexto donde figura, ayuda a entender el por qué de la elección por parte de su autor. Pero esto es un efecto que resulta de la interpretación, pues el mundo interior del autor es una construcción del acto de interpretación metafórica no una realidad psicológica motivadora de la interpretación misma.
El filósofo John Searle aborda el problema de la intención del emisor (el autor). Explica que un enunciado es metafórico porque, sencillamente, su autor quiere que lo sea. Es obvio que de la intención del emisor depende el sentido de lo que se lee o escucha, de ahí que la interpretación metafórica depende de una decisión sobre la intención del emisor. Para el receptor, cualquier enunciado metafórico se presta a dos interpretaciones: una literal y la otra propiamente inserta en la metáfora.
La interpretación metafórica nace de la interacción entre un intérprete y un texto metafórico, pero el resultado de esa interpretación está autorizado tanto por la naturaleza del texto como por el marco general de conocimiento de una cultura determinada, y en principio nada tiene que ver con las intenciones del emisor (Umberto Eco).
Un intérprete, desde su libre albedrío, puede decidir que considera metafórico todo enunciado con tal que su competencia intelectual lo permita. En el caso de la literatura, son el texto más el conocimiento personal los que proponen al lector lo que una estrategia textual sugiere. Por lo que se deduce que la metáfora no es necesariamente un fenómeno intencional.
Denotación y connotación
Ambos conceptos están muy relacionados con el de contexto o situación; este último si se da en el habla. Expresan la posición del emisor o del receptor ante el mensaje.
Si el mensaje se expresa objetivamente, es decir, con una función referencial, se dice que su significado es denotativo. La denotación es el significado principal, y más general, de una palabra.
Si al dato objetivo se añade una valoración personal, basada en la propia experiencia y momento biográfico, es decir, si se utiliza con una función emotiva o conativa, se dice que su significado es connotativo. La connotación es cada uno de los significados secundarios que se asocian al significado principal de una palabra por razones culturales, sociales o personales.
Decir que el significado connotado presupone el significado literal no significa que el locutor de una metáfora deba ser necesariamente consciente de su significado literal para reconocer el metafórico, principalmente cuando se trata de metáforas introducidas en el uso común.
La metáfora es un fenómeno connotativo a causa de su mecanismo de significado dentro de una lengua determinada en un preciso momento de su evolución, y no a causa de las intenciones del emisor.
Evidencias y probabilidades en la interpretación
Aristóteles observaba que por medio de las metáforas conocemos algo. La interpretación metafórica entronca en el género del razonamiento por analogía. Se da una relación entre metáfora y conocimiento, ya sea expresada desde el punto de vista del emisor, quien escribe o pronuncia la metáfora queriendo significar algo, ya desde el punto de vista del receptor, quien lee o escucha la metáfora queriendo interpretarla en su justo término.
La interpretación metafórica descubre el marco de referencia que permite la interpretación de la metáfora sin que llegue más allá la pretensión; la interpretación metafórica busca hacerse una idea cabal, comprender, en definitiva, el sentido de la metáfora emitida. Si la interpretación es satisfactoria, debe justificar el enunciado metafórico y, además, todo el contexto en que aparece.
De ahí que la interpretación metafórica busca leyes de interpretación válidas para los contextos discursivos, con libertad de elección fuera del texto interpretado; una metáfora lo es dentro de su contexto.
El contexto
Es el conjunto de realidades y de circunstancias que se dan alrededor del acto de la comunicación en el momento que se produce, que influyen en el contenido del mensaje y en su comprensión.
Toda metáfora lograda presupone un contexto de referencia amplio. La metáfora aparece como un fenómeno léxico pero no depende exclusivamente del sistema del léxico.
Por otra parte, algunas metáforas, por su categoría universal, trascienden de su contexto para definirse dentro de la intertextualidad. En este caso, el intérprete, el receptor de la metáfora, se obliga a un proceso interpretativo que ocupa diferentes contextos, a cuyo término se encontrará siempre con interpretaciones múltiples. Estas metáforas podrían considerarse abiertas, desbordado su estricto marco textual, si se consideran cerradas las metáforas parafraseadas o asimiladas completamente a su contexto.
Depende de la capacidad del intérprete, a la luz del contexto, el decidirse por un juego de inferencias de modo que hasta la más cerrada de las metáforas pueda encontrar un significado en otro lugar y a su vez producir nuevas inferencias metafóricas; pues la metáfora no hace que interactúen dos ideas sino dos sistemas de ideas.
La paráfrasis
Si la metáfora tiene un valor cognitivo debería parafrasearse; sin embargo, la prueba de la paráfrasis demuestra si una metáfora es creativa o si yace en su contexto.
La paráfrasis es la explicación de un texto con el propósito de amplificarlo; y, también, la cita de un texto que no se efectúa al pie de la letra.
La metáfora creativa parece comprenderse intuitivamente; pero tal intuición es, realmente, una respuesta intelectual agilísima. Las metáforas sumamente originales y creativas, que llegan a ser muy complejas en su interpretación, sólo pueden parafrasearse bajo la forma de un relato equivalente y prolijo. El hecho de que una metáfora creativa sólo sea interpretable mediante una paráfrasis crítica, que describe los pasos llevados a cabo por el receptor para comprenderla, da a suponer que es inexpresable o muy dificultosa, con ímprobo esfuerzo, su comprensión.
La forma y su acogida
Hay metáforas más elaboradas que otras, es obvio; y las hay con carácter más didáctico o de estética más poética. La metáfora vuelve variadamente interpretable el discurso y requiere del destinatario que centre la atención sobre el artificio semántico que permite y estimula tal polisemia (la diversidad de significados).
El empleo de la metáfora al hablar o al escribir no es un fenómeno eminentemente poético y estético; la actividad metafórica es patente también en el pensamiento científico y en la expresión cotidiana de cualquier persona. Es cierto, aunque sólo sea por lo reconocido, que las metáforas más originales y creativas son las más bellas; premiado el autor por el esfuerzo intelectual y la metáfora por su didáctica.
La metáfora no representa mundos posibles; para poder interpretar metafóricamente un enunciado es imprescindible admitir que resultaría semántica absurdo tomado literalmente. Por muy excelsa y original que sea una metáfora, por mucho que goce del favor popular, existen límites para su interpretación.
Erika G. Velarde y Miguel del Prado
¬ 13/05/2010