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Teorías del delito (II)

 

 

Cultura, subcultura y crimen

Previamente a los sociólogos y criminólogos, los juristas se interesaron por relacionar el delito con la cultura y las normas, estimando el crimen como consecuencia de un conflicto cultural o como expresión de una subcultura determinada.

    Cultura y crimen se hallan relacionados, pero es el crimen el que sigue a la cultura, sin reciprocidad.

    La tesis del enfrentamiento entre culturas, siendo una dominante, la propia de esa sociedad considerada, expresa el delito como un conflicto cultural con ciertas normas de conducta que constituyen la cristalización de reglas sociales, y es su incumplimiento o violación la que provoca que reaccione el grupo. Este conflicto entre la reacción individual (o conjunta de unos individuos al margen de las normas) y las normas de conducta aquí entendidas como normas penales puede evitarse mediando un proceso de aculturación. Este proceso de aculturación dispone los mecanismos idóneos para la absorción de ideas que, como elementos culturales, se incorporan a la mente y se transforman en elementos de la personalidad; incluso llegan a constituirse en la misma personalidad. Esta recepción de elementos culturales por parte de los infractores de las normas de conducta conseguiría su asimilación al grupo mayor, eliminando el delito.

    Ahora bien, equiparar la cultura a un conjunto de ideas o significaciones que se incorporan en las costumbres, creencias y relaciones con los demás y las instituciones sociales, es demasiado amplia y carente de sistemática y contenido propio para poderla estimar como adecuada base de una teoría y de la correspondiente investigación criminológica. Es inconveniente y erróneo utilizar sin distinción certera ni clara referencia a sus papeles respectivos términos como norma de conducta, norma penal, código de conducta, reglas de grupo, norma grupal o normas penales. No han de estimarse como intercambiables las normas penales, las normas criminales y las normas de conducta; que se hable de violadores de normas como sinónimo de violadores de la ley; o que se defina la causa como el antecedente o condición necesaria y que causa, causal y causación (el resultado típico) aparezcan equiparados en la teoría. Para la investigación criminológica es muy importante determinar en qué consiste y cómo se manifiesta el proceso de absorción (aculturación), lo que exige que no se considere a la personalidad como un producto social.

    No todo delito es consecuencia de un conflicto cultural. Ni tampoco el conflicto entre culturas conduce irremisiblemente a la subcultura de una de las partes, asunto definido por sociólogos y psicólogos de la Criminología (los sociocriminólogos y los psicocriminólogos), particularmente en referencia a la delincuencia de menores, la violencia en las calles, las relaciones de familia tempestuosas; se habla de una subcultura de las relaciones parentales y, en el colmo de la exposición, de la subcultura de todas y cada una de las asociaciones, agrupaciones, afinidades y tendencias, independientemente de su trascendencia social y el número de componentes. Una incongruencia.

 

Los términos cultura, subcultura y contracultura se han usado profusamente en las literaturas sociológica y psicológica de los países desarrollados con democracias liberales.

    Puede entenderse la subcultura como una subdivisión de la cultura nacional que comprende una serie de capacidades, ideas y creencias de un grupo determinado o parte de él; dicha subcultura contiene un conjunto de juicios valorativos o un sistema de valores sociales que tanto son parte como algo separado de la cultura dominante. Los valores propios de la subcultura impiden la integración con la cultura dominante; algunos elementos de la subcultura se hallan en conflicto o difieren marcadamente de la cultura matriz, y esto es precisamente la característica subcultural.

    La tesis de la subcultura se asienta en una concepción equivocada de la cultura, a la que considera algo armónico con desarrollo regular, ciertamente uniforme y en determinadas áreas sociales, exenta de contradicciones y oposiciones.

    La definición de subcultura manifiesta una confusión conceptual y lógica. Los hábitos en el lenguaje, las modas en el vestuario, las inercias asociadas a una época de la vida: la adolescencia, la juventud, son producto de la interpretación de una misma cultura que pese a las apariencias es amplia y versátil, ofertante de aspectos que pueden incluso llegar a ser excluyentes.

    Las manifestaciones de la subcultura de la delincuencia de menores comúnmente señalados son el absentismo escolar, el lenguaje soez, la obscenidad gestual, la promiscuidad como alternativa de ocio, el vandalismo o gamberrismo, la asociación por supuestas afinidades o pandillaje, los hurtos, la embriaguez frecuente, las fugas pasajeras del hogar, la vagancia, el uso de estupefacientes y sustancias sicotrópicas y, generalizada, la violencia. Parte de este repertorio ha existido siempre, acorde con los tiempos, claro es, sin que por ello se estimara subcultural sino "cosas de la edad, de los jóvenes, del momento socioeconómico, de las costumbres de esa raza, pueblo, etnia", algo meramente individual o de grupos visibles, en ciertos casos conectando con la estructura social, económica y política, en otros con formas o modos de vida inherentes a otras culturas no pocas veces enfrentadas teórica y prácticamente a la del lugar de recepción, y en otras con aspectos estrictamente culturales desprovistos del cariz territorial. Estas manifestaciones, en periodos más frecuentes, forman parte de un todo indivisible conforme a una imagen rectora de la cultura implícita y aceptada. Analizado el ‘fenómeno subcultural' desde el otro extremo, se entiende y acepta que para formar parte de la cultura, las diversas manifestaciones artísticas o científicas de una nación no necesitan emanar de un marco establecido, ni ser constantemente repetidas ni participadas ni sentidas por todos los miembros de los diferentes grupos que integran esa sociedad.

    La estricta observación de unos comportamientos calificados de modelos, es mayor en el ámbito anglosajón que en el latino; también las reprobaciones y, por ende, el confusionismo conceptual, metodológico y lógico. Sin especular sobre qué ámbito atina mejor en los parámetros de convivencia de cara a unos resultados privados y públicos, igualmente comparables entre Estados, el latino distingue entre cultura y conducta humana, concediendo a esta última que es variada, desigual, contradictoria y cambiante.

 

La cultura, aun en sentido estricto, no debe segmentarse para satisfacer imágenes conscientes o subconscientes de una sociedad dada, conforme a una estructura sociopolítica determinada y reputada como modélica.

    La tesis del conflicto cultural, como explicación posible de la criminalidad, radica principalmente en la no absorción, por parte de los voluntariamente o no ‘marginados', de una cultura que consciente o subconscientemente se cataloga superior.

    Tradicional e interesadamente se ha tendido a deformar el concepto de cultura transformándolo en una amalgama que vincula sin ton ni son, de una manera caprichosa, ideas, creencias y estilos con las normas, los sistemas, las reglas y las conductas, sin apenas precisar qué es cada cosa. Ello evidencia un desprecio por la precisión conceptual y la exigencia sistemática; aspectos que debilitan la perspectiva criminológica que no puede ni debe ser compensada con la manipulación de datos.

    Por cultura ha de entenderse todas las expresiones de invención y creación del hombre en las esferas moral, jurídica, científica, artística, social y política. La cultura es dinámica, avanza y trata de preservar el conocimiento, el arte, la literatura, etc., contribuyendo de múltiples formas, incluyendo la violenta, a la organización, continuidad y expansión de la vida como algo diferente del estricto y limitado marco material, para el goce y sentido de realización de la humanidad. La cultura nunca debe confundirse con el progreso científico y tecnológico. En el presente, la cultura adquiere cierta uniformidad universal pese a fluctuaciones, retrocesos e intereses políticos, debido a la interrelación (o interdependencia) de los Estados y a su creciente diseminación. Implica participación individual y colectiva, manifestada como un proceso de objetivación de lo que históricamente es imprescindible para la continuidad de la vida humana, en general, y de una sociedad, dada, establecida en la dignidad y en la libertad. En absoluto la cultura consiste o depende del mayor o menor consumismo de lo que se ofrece como tal, mercancías, imágenes y productos; de los desplazamientos humanos de unos lugares a otros por diferentes motivos; del vestuario de unos grupos influyentes; de esas proclamas que penetran fácilmente en la audiencia y quedan retenidas posibilitando los objetivos de los difusores; del aumento de la criminalidad; de la actuación discordante de bandas organizadas nacional e internacionalmente; o del fracaso escolar y la escasísima, más bien nula, predisposición al esfuerzo y al aprendizaje en segmentos de población infantiles, adolescentes y juveniles.

    Dejó escrito José Ortega y Gasset en su obra Misión de la Universidad, en 1930:

La cultura es un movimiento natatorio, un bracear del hombre en el mar sin fondo de su existencia con el fin de no hundirse; una tabla de salvación por la cual la inseguridad radical y constitutiva de la existencia puede convertirse provisionalmente en firmeza y seguridad. Por eso, cultura debe ser, en última instancia, lo que salva al hombre de su hundimiento.

    La cultura es aquello que el hombre hace cuando se hunde para sobrenadar en la vida, pero siempre que este hacer se contraiga a lo esencial.   

Miguel Ángel Olmedo

¬ 17/05/2010