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El carácter. La caracteriología

 

Conjuntos de rasgos tanto hereditarios como adquiridos que aparecen en la constitución física y en el psiquismo del individuo, modificadores de su comportamiento.

 

Las diferencias que se dan entre las personas en las diferentes actividades fisiológicas, por ejemplo, repercuten en su psiquismo. Pero no sólo ellas, pues el ambiente o la educación influyen en el psiquismo; y también, y sensiblemente, en la evolución física del individuo.

    Todo ello determina que haya distintos modos de obrar entre los seres humanos y constantes a lo largo de la vida de una persona. Aparte de la orientación profesional, conocimientos y libertad de actuación, que la modifican, la personalidad humana es el resultado de unos cuantos factores, hereditarios y adquiridos, que marcan el propio cuerpo y definen la conducta.

 

Estudio psicológico del carácter

Una forma simple y esquemática de estudio psicológico del carácter consiste en establecer primero una enumeración de factores, hereditarios y adquiridos a la par, que suelen darse juntos en los distintos comportamientos humanos. Supone de antemano que, según el predominio de unos factores u otros, todos los individuos se pueden catalogar dentro de un reducido número de grupos.

    La finalidad práctica de estas clasificaciones es conocer el carácter individual de cada persona a partir de los caracteres genéricos del grupo en el que se cataloga al individuo. La catalogación de un individuo en un grupo determinado se hace, con la ayuda de pruebas psicotécnicas (tests), atendiendo al predominio de unos factores u otros en su conducta.

 

Clasificación de caracteres

Hay varios criterios para la clasificación de los caracteres.

A) Criterio de la constitución física como razón primordial de ciertos comportamientos psíquicos; su autor es William H. Sheldon Comprende tres grupos: cerebrotónicos, somatotónicos y viscerotónicos.

    El cerebrotónico tiende, en su constitución física, más a la longitud que a la anchura, es espigado aunque no suele ser muy alto; cuello delgado, hombros estrechos, miembros ágiles, largos. En sus rasgos temperamentales predomina un aspecto cohibido en posturas y movimientos, sus reacciones son rápidas y nerviosas, su atención excesiva; es receloso, controla conscientemente la expresión de sus sentimientos; su voz es baja, el sueño ligero, es hipersensible al dolor, tiene mal despertar, se levanta cansado, el atardecer es su mejor momento y trasnocha con facilidad; aparenta ser más joven de lo que es; socialmente inhibido; hipersensible a la crítica, es temeroso de apariciones en público, son sus actitudes imprevisibles, necesita estar solo cuando se siente preocupado y orienta su vida hacia la madurez.

    El somatotónico tiende en su constitución física al predominio muscular; con hombros anchos y fuertes, poca cintura y gran resistencia. En sus rasgos temperamentales predominan la autoafirmación en posturas y movimientos, las reacciones enérgicas, la voz fuerte, la indiferencia al dolor, la actividad y la madurez prematura; sus gustos se dirigen a la aventura, el deseo de dominio, el riesgo, la insolencia, la agresividad, la dureza, la actividad por la actividad cuando le acosan las preocupaciones; no repara en los placeres de la mesa y come rápido; socialmente es insensible, tiene una mentalidad dispersa y se orienta hacia fines y actividades juveniles.

    El viscerotónico tiene una constitución física que tiende al predominio de la anchura sobre la longitud. Sus caderas son más anchas que los hombros, de mediana estatura, propensión a engordar; en sus rasgos temperamentales predomina el relajamiento del cuerpo, suele ser desgarbado, sus reacciones son lentas, su emotividad estable y profundo el sueño; gusta de la comodidad, de la buena y abundante comida y delas reuniones sociales; es amante de la cortesía, las fiestas y las relaciones personales; busca el afecto del prójimo, la tolerancia la comunicación de los sentimientos y la compañía, sobre todo si le acucian preocupaciones; tiene una marcada orientación hacia lo personal, hacia la familia y hacia la etapa infantil (la niñez).

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B) Criterio de la combinación de tres factores primordialmente psíquicos, de cuya combinación resultan ocho grupos. La predisposición para reaccionar ante una sensación o acontecimiento emotividad, la disposición natural para obrar o aptitud para obrar fácilmente actividad y la fugacidad o permanencia de las impresiones recibidas primariedad o secundariedad, respectivamente son los tres factores que se combinan en la conducta; cuyo autor es René Le Senne, siguiendo a Corneille Heymans y a E. D. Wiersma.

 Esquema de los caracteres de la persona.

    El colérico es un individuo emotivo, activo  y primario: le gusta vivir intensamente (emotivo), despliega actividad sin tregua y ante cualquier deseo aspira a ponerlo en práctica sin tardanza (activo), con una actividad múltiple que resulta superficial, desorganizada, con lo que las nuevas sensaciones apenas le dejan huella (primario).

    El sentimental siente profundamente cualquier circunstancia que cruce su vida (emotivo), pero se lo piensa mucho antes de emprender algo pues le cuesta tomar la determinación de obrar (no activo) y las nuevas sensaciones permanecen largo tiempo en su memoria por lo que así puede que el recuerdo de las mismas le haga cambiar su actitud (secundario).

    El amorfo no se siente aludido por nada ni por nadie (no emotivo), le cuesta entrar en acción (no activo) y su obrar está desperdigado y es un inconstante (primario).

    El tipo nervioso se deja llevar fácilmente de las excitaciones, pero, una vez que la emoción ha pasado, el individuo permanece inactivo; vive del momento y estas variaciones afectivas le hacen ser poco objetivo y no darse con constancia al trabajo que realiza.

      El tipo apasionado o pasional es de una gran riqueza psicológica, debido a los tres elementos positivos que posee; es sensible, equilibrado y de una gran eficacia en el plano de la acción práctica y está dotado de una gran ambición, amplitud de miras y sentido de la independencia.

    El tipo sanguíneo se caracteriza por su ausencia de emotividad, aunque su actividad está perfectamente conservada; puede tomar una actitud intelectual, que a veces le hace parecer calculador y frío; sin embargo, tiene poco poder de reflexión, es superficial y con tendencia al escepticismo.

    El tipo flemático es muy pobre en manifestaciones externas; individuo presidido por una gran calma, que habla poco, frío y objetivo; si bien carece de ideales afectivos, suele tener una buena capacidad de contacto con las cosas y la Naturaleza; es meticuloso y ordenado, pudiendo llegar a ser un esclavo de sus costumbres.
      El tipo apático es parecido al flemático, pero su secundariedad hace que sus impresiones persistan; tiende a ciertas formas de melancolía, es poco expresivo, obstinado y aferrado a las ideas y principios que ha aceptado; se le reconoce en su aislamiento, el alejamiento del ámbito intelectual y con poca ambición sociable.

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C) Criterio de la doctrina clásica de los temperamentos o tipología psicosomática de Galeno, quien determinaba que el cuerpo estaría formado por tres clases de principios constitutivos: los sólidos, los humores y los espíritus. Los humores serían la bilis, la sangre, la pituita y la antrabilis; al predominio de un humor determinado correspondería un temperamento dominante.

    En el tipo sanguíneo destaca la sangre en su composición temperamental. El individuo presenta reacciones superficiales y prontas; es sensible pero sin llegar a sufrir impresiones profundas; pasa fácilmente de la risa al llanto, de la ira al perdón y necesitan del apoyo de los demás, aunque sus relaciones públicas sean marcadamente superficiales; se manifiesta alegre, optimista y expresivo, con una buena adaptación social.

    El tipo melancólico se caracteriza por un predominio de la antrabilis (un humor deducido o intuido por Galeno). Individuo de gran sensibilidad, fácilmente influenciable, pero de actitud impasible de cara al exterior; su estado de ánimo tiende a la depresión, a la tristeza, a la angustia vital y es presa de temores; buena y productiva inteligencia acompañada de tenacidad aunque mal o nulamente aplicada, pues cunde el desánimo, los reproches y el miedo a dar el paso.

    El tipo colérico, en el que predominaría la bilis, se caracteriza por ser poco sensible o directamente insensible, presa de pasiones violentas sin motivo descollante; egoísta, mantiene sus relaciones con los demás dentro de la especulativa convivencia, si bien no confía demasiado en nadie ni pretende comprender a los semejantes; fatuo y engreído.

    El tipo flemático, en el que predominaría la flema, se identifica por la parsimonia, reflexión pronunciada, de todas sus funciones; selectivo y poco dado a las relaciones sociales es y aparece distante, no se ocupan apenas del prójimo, manteniendo una actitud cómoda, individualista y egoísta; oscila entre la timidez, el escepticismo y la indiferencia; su inteligencia es analítica y reflexiva, su voluntad es poderosa y constante aunque lenta; ignora o desprecia lo intuitivo.

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D) Criterio de tipologías. El estudio del carácter mediante las tipologías ofrece la ventaja de orientarse con rapidez; pero nada más. Cuando hay suficiente tiempo y cuando se quiere ser preciso en el estudio del carácter de una persona, se prescinde de los encasillamientos tipológicos.

    Los psicólogos manejan muchas pruebas psicotécnicas y combinan los resultados de unas clasificaciones y tipologías con los de otras, a fin de poder inducir con mayor probabilidad el carácter de un individuo por los rasgos generales de un tipo ideal (o patrón) que sólo existe en teoría. Los individuos se acercan más o menos y nunca totalmente al tipo ideal en el que son encuadrados; por lo tanto, la conclusión no es cierta sino probable.

    1) La tipología constitucional de Ernest Kretschmer, escasamente confirmada y actualmente superada, pone en relación los cuadros clínicos con los tipos psicológicos y éstos con los rasgos somáticos. Distingue tres tipos somático-constitucionales: el leptosómico o asténico, alto y delgado, reconocible entre los esquizofrénicos; el pícnico, bajo y fornido, frecuente entre los maniaco-depresivos; y el atlético, de aparato musculoso-esquelético muy desarrollado, frecuente más entre los epilépticos.

    2) La tipología de los rasgos psíquicos, desarrollada por Jaensch. Toma como rasgo decisivo el concepto de integración psicológica. Las funciones psíquicas pueden estar más o menos integradas, es decir, influidas o compenetradas unas con otras para formar una unidad. En los casos de personalidades muy integradas, el pensar, el sentir o el querer, serían equivalente aun presentando con diferentes facetas. Este es el individuo que siente lo que piensa y piensa lo que siente; su aparato psíquico funciona uniforme y preciso. En el extremo opuesto están los individuos que se manifiestan como un mosaico, que se mueven por partes. Estos dos tipos constituirían idealmente los polos de la clasificación: el integrado y el desintegrado. Entre ellos caben todas las situaciones intermedias; y según sea la dirección de la integración pueden distinguirse los tipos integrados hacia fuera y los integrados hacia dentro. El integrado hacia fuera lo constituyen aquellas personas, preferentemente perceptivas, cuya personalidad interior está condicionada por el mundo que las rodea; Suele ser un individuo de sensibilidad artística, romántico, pero sin mantener una actitud egocéntrica; en sus relaciones públicas aparece sumamente sintónico y servicial, si bien tiene dificultad en mantener relaciones personales por falta de riqueza interior. Lo contrario es lo que representa el integrado hacia dentro; su vida interior forma un solo bloque indiferenciado; en él toman parte las más diversas operaciones psíquicas; tiene dificultad en sus relaciones con el mundo exterior, siendo muy dado a la teoría y enjuiciado erróneamente como racionalista.

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E) Los tests proyectivos ayudan a mostrar el carácter personal del individuo, el cual, enfrentado a tales pruebas, proyecta en sus respuestas y reacciones su peculiar modo de ser a la vez que sus conflictos íntimos; entonces, el conocimiento del carácter queda centrado en el ámbito de toda su personalidad.

    La utilización de los tests proyectivos ha dado la posibilidad de crear una serie de tipologías que se delimitan por la forma que cada persona tiene de elaborar la prueba proyectiva.

    Hermann Rorschach encontró que en las respuestas dadas a sus láminas se podían distinguir dos tipos de personas: las que tendían a dar respuestas de color, y las que tenían especial preferencia por las respuestas de movimiento; en el primer caso se hablaba de tipo extratensivo y, en el segundo, de tipo intratensivo. El extratensivo está representado por la persona ágil y frívola, que manifiesta fácilmente cualquier estado afectivo, carece de intimidad y es inestable y variable; el intratensivo tiende al ensimismamiento y al desarrollo de su personalidad interior, presenta una afectividad estabilizada y constante, y sus funciones intelectuales están más desarrolladas.

    El uso del test de Leopold Szondi da la posibilidad también de delimitar una serie de tipos. Los fundamentos de la prueba son sumamente teóricos y se encuentran aún en revisión; se distinguen ocho factores instintivos; el predominio de uno sobre los otros creará los diversos tipos concretos.

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F) Tipos caracteriológicos.  Entre las tipologías caracterológicas destaca la de Franz Ernest Spranger, que define el carácter como el conjunto de actos o vivencias referidos a la cultura. La cultura se concreta en la dirección de todas las manifestaciones humanas: artísticas, espirituales, sociales, etc., que expresan unos valores determinados: intelectuales, estéticos, materialmente utilitarios, éticos y religiosos. Habrá, por tanto, hombres que orienten sus acciones de manera preferente hacia alguno de estos valores. Así, describe Spranger el hombre teorético, el estético, el económico y el religioso. Pero no sólo puede el hombre enfrentarse con la naturaleza, sino también con el otro hombre y, frente a su oponente, puede adoptar dos posturas: de poder o de simpatía, dando lugar a otros dos tipos caracterológicos: el hombre político y el social.

    Carl Gustav Jung creó dos tipos caracteriológicos básicos: el introvertido y el extravertido. El individuo introvertido dirige su caudal libidinoso hacia estructuras de su mundo interior, mientras que el extravertido lo dirige hacia el exterior.

 

Síntesis de la ciencia de los caracteres

La caracteriología o ciencia de los caracteres es la disciplina que estudia el carácter humano entendido como el conjunto de las disposiciones psíquicas congénitas de cada individuo.

    Postulando que los rasgos del carácter presentan variaciones regulares y continuas, y aislando para cada rasgo dos polos extremos de esta distribución por ejemplo, emotivo-no emotivo, los caracterólogos, o estudiosos del carácter, clasifican cuantitativamente a cada individuo.

    El sistema caracteriológico más conocido y utilizado es el de C. Heymans y E. D. Wiersma, difundido por R. Le Senne. Este sistema aísla tres propiedades fundamentales del carácter: la emotividad, entendida como predisposición a dejarse involucrar intencionalmente incluso en sucesos banales; la actividad, entendida como la capacidad de concentrar beneficiosamente la energía psíquica; y la primariedad-secundariedad (de acuerdo con la hipótesis neurofisiológica de Otto Gross) que se refiere a la resonancia o grado de persistencia de las impresiones y representaciones de las vivencias propias.

    La caracteriología otorga privilegio a los factores congénitos de la conducta humana respecto de los ambientales y adquiridos, y se sitúa en las antípodas de los sistemas psicológicos anglosajones, en particular del conductismo.

 

Concepción filosófica del carácter y la caracteriología

El significado del término carácter es marca o nota que señala un ser y que lo caracteriza frente a los demás.

    La diferencia entre el carácter  y el temperamento radica en que el primero se refiere a todas las notas distintivas del individuo, mientras que el segundo resulta de la mezcla de los humores del cuerpo dentro de cada individuo.

    Desde Hipócrates se distinguían los individuos de acuerdo con el predominio de uno de los cuatro humores: sangre, flema, bilis y atrabilis, que daban respectivamente origen a los temperamentos sanguíneos, flemáticos, biliosos y melancólicos.

    La doctrina de los temperamentos es considerada hoy desde el punto de vista del análisis y descripción del tipo psicológico. A la vez, ha quedado insertada como uno de los elementos de la ciencia de los caracteres o caracteriología; estudio de Julius Bahnsen a partir de las doctrinas caracteriológicas de Schopenhauer y Paulhan.

    La caracteriología no se limita por lo común a la descripción de los diferentes caracteres individuales sino que procura establecer, junto a una clasificación sistemática de los caracteres desde un ángulo psicofisiológico, un estudio de las influencias que los determinan, desde la constitución orgánica hasta la tradición histórica. La caracteriología utiliza un grupo de ciencias para entroncar e incluso rebasar el ámbito de la psicología; sobre todo cuando toma en consideración el conjunto de influencias efectivas y posibles.

   

Para Immanuel Kant, el carácter es una ley de causalidad de la causa eficiente. Distingue entre un carácter empírico y otro inteligible; el primero es una manifestación del último y por eso el carácter empírico es designado también como carácter fenomenal, es decir, como carácter cuyas acciones son dependientes de otros fenómenos de acuerdo con leyes naturales constantes. En cambio, el carácter inteligible es aquel por el cual el ser considerado es causa de sus propias acciones sin que pueda ser estimado como fenómeno.

    Una doctrina análoga sostiene Schopenhauer, quien considera que el carácter inteligible es un acto voluntario y libre, situado más allá de toda fenomenalidad de tiempo y de espacio; más allá de todo mero obrar, por cuanto se trata de un ser.

Cristina Dávila Pomar

¬ 29/11/2010