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No tengas miedo

 

Soy yo. Siempre tu amiga.

 

Una persona mayor,

una historia;

una cercanía,

la muerte;

una angustia,

la incógnita.

 

Una incógnita que llena toda su mente, todas sus horas, todas sus noches.

    Pesadillas devenidas por la educación en la creencia, en la espera, en la necesidad de creer que no todo ha sido en vano. Que esa historia suya tuvo un principio y tendrá ese final que ya se huele, se palpa, se siente, se teme.

     Y se teme por la sencilla razón de que se ignora; se espera, pero no se sabe bien qué es lo que habrá.

    Toda aquella fe que se tuvo en esta vida se ha convertido en un mar de dudas cuando el trance se aproxima, cuando el miedo se acrecienta; pero, sobre todo, cuando la base de aquella fe no era tan sólida, cuando nuestra mente, muy a pesar de ella, admitía otras salidas a ese gran misterio, incluso ese gran vacío desolador y que hace que todo sacrificio haya sido infructuoso.

    Una vida coartada por lo prohibido, por la amenaza de horribles penas y terribles  soledades, esperando únicamente algo que no sabe a ciencia cierta qué puede llegar a ser.

    Pero, ¿ y si no es ese el origen de su miedo?

    ¿Y si en realidad su horror, su auténtico temor, son sus manos absolutamente vacías?

    ¿Qué es en realidad lo único importante para, por lo menos, acudir a dar ese paso con tranquilidad, aunque no con alegría?

    Solamente dos cosas, en mi opinión:

1.ª El respeto, ya que no el amor, al prójimo

2.ª Aprovechar tus talentos al máximo en beneficio de los demás y, por consiguiente a la postre, en beneficio propio.

    Si sólo has vivido mirándote el ombligo.

    Si no has sacado el máximo partido a ese cerebro que te ha tocado en suerte.

    Si tus sentimientos han estado canalizados únicamente hacia ti y tu entorno inmediato, sin reparar en que hay muchas cosas con las que podrías haber ayudado a los demás, desinteresadamente, sin esperar nada a cambio más que la satisfacción del deber cumplido; entonces, sólo entonces, se explican esos miedos y esas angustias vitales, esa falta de paz y esa incertidumbre, ante el paso al que todos estamos abocados:

    LA MUERTE

    No obstante, la muerte, contrariamente a la creencia general, es algo, como mínimo, útil.

    Para aquellos que han vivido en una fe, sería un nuevo punto de partida; algo esperado, anhelado tal vez, pero no por ello, absolutamente desconocido.

    Para ellos será un reencuentro, una manera de volver a ver a sus seres queridos y, lo mejor de todo, al esclarecimiento de sus dudas y el final de una larga  e interminable espera: DIOS.

    A esos otros, los que no esperan nada, para los que la incredulidad y el vacío formaban la base de su existencia, les quedará, al menos, la satisfacción de servir, aunque sea lo último que hagan, para enriquecer esta tierra nuestra, tan querida y tan destrozada por el pie humano.

    El final del cuerpo será el mismo:

"Polvo eres y en polvo te habrás de convertir."

    El Espíritu, lo más difícil de comprender y aceptar, podrá ser que comience de nuevo.

Alicia Rodrigo Pérez

¬ 22/12/2010