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Parejas por escrito

 

La letra que surge espontánea permanece intacta en su revelación, pase lo que pase dentro y fuera; es el testimonio de una época con muchos matices, de un episodio con alma, de una voluntad entregada a la consecución de un fin que ignora los medios.

 

La obra de un autor ha de sugerir, y el público atraído hacia ese confín de revelación ha de estar compuesto por individualidades, personas diferenciadas, con manifiesto espíritu descubridor y loable afán de aprendizaje.

    La curiosidad es una virtud si el motivo que la concita abre la puerta, guía a través del propósito y expone lo que a guisa de información reclama la audiencia, en un viaje entretenido por los paisajes que intencionadamente se le ofrecen.

    Autores de las diversas escenografías mundanas e intérpretes de las ideas por terceros concebidas, esgrimen desde la aclamada peculiaridad que los contempla la habilidad para reflejar en los sentidos ajenos los papeles soñados por el espectador, a veces simultáneamente a lo largo del recorrido sensorial por aquello de ganar tiempo a la vida que pasa irremisible y enjuiciadora en su desvelo.

    Soñar es bueno, sentir es necesario; el suspiro llena de aliento la cavidad que acoge el esquivo protagonismo del yo escindido de la mediocridad; la risa y la lágrima, sea cual fuere su orden de aparición y la intensidad de su presencia, coadyuvan la dualidad que habita el mundo interior; ese infinito al pairo de los acontecimientos de factura propia y también los importados de las fuentes que manan atractivos e ideales.

    Como el amor, ese inefable espíritu que ora libera ora oprime, pertinaz en su ausencia como la falta de agua, obstinado en su afán por acogerse en la intimidad menos privada de los deseos.

    Sólo el amor nos cambia la voz escribe en susurro de poeta Pablo Méndez.

    Cierto es que el amor habla varios idiomas en diversos tonos, y que su lengua, universal en verso y prosa, imprime la partitura y afina la orquesta. Una verdad semejante a la de su cuestión en los análisis del racionalismo y la decepción, pero tales disquisiciones en pro y en contra de lo que es y no es se alejan del propósito inicial y único del texto publicado.

    En resumen, Pablo, ¿las parejas ficticias son equiparables, siquiera en la imaginación condescendiente, con las parejas de trato y contrato (léase hecho y derecho, respectivamente)?

    Cada cual, en algún momento, no sólo ha observado con crítica delectación a esas parejas que por nombre y encumbramiento, méritos aparte, han penetrado la historia personal y en ella incluido capítulos entreverados de realismo y fantasía, sino que, influido por la audacia y peripecia del electo referente, se ha permitido imitar, en lo posible, la conducta que a la postre otorga fama y prestigio, y dispensa una suerte de envidia polifacética y ansias de encaramarse al olimpo. Exagerando los límites que van de la plena identificación con los personajes creados o recreados a la modulada indiferencia en el elogio de la tarea asumida, la huella existe, es palpable en el acto y en el comentario, porque la integración se ha producido en el único mundo tangible que los ha elevado a la categoría de mitos y envuelto en oropeles.

    Igual que actúa el amor, dechado de generosidad en un ámbito efímero por naturaleza.

    De la letra a la labor con frecuencia media un abismo. Es la misma distancia, a menudo, que separa una carta de un guion. Con la salvedad de que la letra, incluso la fingida en una película, una canción o un lienzo, no tiene porque variar de su original en la palabra sentida, en la nota sobre la marcha, en la firma con dedicatoria de admiración y afecto. La letra que surge espontánea permanece intacta en su revelación, pase lo que pase dentro y fuera; es el testimonio de una época con muchos matices, de un episodio con alma, de una voluntad entregada a la consecución de un fin que ignora los medios.

    Humanos todos, actores y artistas valga la generalización en dos especies de personajes, piensan, sienten y transmiten como cada hijo de vecino, aunque con una difusión mayor y permanente; y no siempre hacen lo que dicen ni viceversa; e igual que sucede con el resto de los mortales, en ellos de vez en cuando aflora la fibra sensible conjugada con la debilidad, el trance delicado que tiende a magnificarse por la repercusión mediática y el ansia espectadora de compadecerse o asimilarse al ídolo, el temor a perder o el miedo a no ganar, el equilibrio precario y el andar en la cuerda floja con las puntas y los talones.

    La fama de quienes en su cobijo moran tiene un precio que oscila periódicamente de lo material a lo inmaterial, de lo profano a lo divino, del patrocinador a la mercadotecnia; mientras que el acercarse a la confesión, pretendida su publicidad por el personaje de recuerdo manifiesto o desvelada por sapiente investigador dilucidando la grafía personal, es asunto de exclusiva competencia del lector que agradece la posibilidad de conocer el reverso de la historia.  

 

Comentario al libro de Pablo Méndez Parejas por dentro. Un viaje al interior de las parejas más sugerentes del siglo veinte

Miguel Ángel Olmedo Fornas

¬ 19/12/2017