Esunmomento.es - Espacio de Miguel Ángel Olmedo Fornas,...

esunmomento.es

Estás en... Expresión > Narrativa

Pasaba por allí

 

Provoca un accidente de circulación y se da a la fuga.

 

Noticia en directo sin reportero ni fotografía: Provoca un accidente de circulación y se da a la fuga.

    Macarena fue testigo del suceso aquel anochecer de invierno, solitario en las aceras, frío y nublado. Caminaba hacia su coche aparcado en un garaje cercano al gabinete de arquitectos, finalizada la reunión con un acuerdo importante bajo el brazo.

    La exposición de su proyecto y las ideas de acompañamiento que surgían al hilo, que ella gustaba incluir si la expectación era la adecuada, había complacido a los tres socios del gabinete parientes en línea directa, de manera que el veredicto unánime le sonó a música celestial. Iba a telefonear a Cora en ese instante para decírselo.

    "Eh..."

    Con el teléfono móvil en la mano presintió que se avecinaba un peligro.

    "Qué hace..."

    El semáforo estaba en rojo para ese coche que atravesó el carril por donde circulaba otro con una mujer al volante. Ella esquivó la embestida apartándose bruscamente de la trayectoria, pero no pudo evitar la colisión con una moto que circulaba en paralelo a su derecha. El motorista dio con los huesos y la sorpresa en el asfalto, cayendo de lado con un deslizamiento corto y libre de obstáculos, sin que su integridad sufriera merma considerable: unos rasguños, el susto y el enfado.

    El causante de lo que pudo ser una tragedia escapó acelerando, con lo que el cuadro a corta distancia presentaba un vehículo de cuatro ruedas ocupando la calzada en diagonal, con su conductora estupefacta, y un vehículo de dos ruedas volcado, con el motorista palpando los posibles daños en su físico. Reaccionó primero el caído, un hombre joven, que ayudado por una pareja de edad similar, rápida en el auxilio pero no exacta en la descripción de los hechos, tanteó el suelo con sus piernas recobrando la verticalidad.

    ¿Estás bien? ¿Estás bien? repetía la pareja al aturdido motorista.

    ¿Está bien? preguntó un hombre mayor que a paso calmo se aproximó con un matiz de gravedad en el rostro.

    Dice que sí le respondieron ella y él.

    Macarena observaba a la conductora. Ella estaba atónita, con la mirada en el infinito y las manos aferradas al volante.

    Una mujer que llegaba apretando el paso empezó a increparla en un tono severo carente de justificación.

    Se ha tirado encima del pobre chico. Lo podía haber matado.

    Fue como la salva festiva que permite el acoso popular a la presunta culpable, inhabilitada por un patente bloqueo para su defensa, con reproches y manotazos en la ventanilla. El repertorio de calificativos progresaba según ella mantenía esa actitud amorfa, que a alguno daría a entender que libre de la vehemencia cívica de los testigos a la mínima salía huyendo de la escena del crimen.

    Antes de acercarse a la conductora, Macarena marcó el 112 en su teléfono para que se diera aviso a la Policía. Luego penetró en la red de ciudadanos indignados con la falta de respuesta de la conductora.

    "Tengo que ayudarla."

    Consiguió abrir hueco y acceder al pasmo de la mujer abriendo despacio su puerta. Con voz suave pero firme le pidió que desconectara el motor y se relajara.

    El gesto de amable autoridad impresionó a unos y otra. La situación perdía tensión para ganar emotividad. Aunque tardaron en descender por sus mejillas, las inconscientes lágrimas de la conductora acabaron de moderar el ambiente, lo que le permitió explicar al motorista y resto de asistentes la verdad de lo sucedido, asombrada ella de que nadie hubiera reparado en la culpabilidad del conductor del vehículo a la fuga. Se tragó las ganas de exclamar: ¡Es que no tienen ojos en la cara!

    "Quizá es que prefieren cebarse con el débil, el indefenso, en quien ha sufrido una conmoción y queda inválido para actuar con racionalidad."

    Con diligencia y fluidez, su voz relató a la Policía los hechos y como los daños se redujeron a las carrocerías y, transitoriamente, a las emociones, y Begoña Osma el nombre de la conductora, empezaba a superar el símil catatónico recuperando el control de sus actos, la cosa no pasó a mayores.

    Se presentó a Begoña, le tendió la mano y le ofreció una tarjeta profesional por si necesitaba su testimonio en adelante. Un ligero temblor destacaba el nerviosismo en Begoña, pálida y ojerosa al recoger la cortesía de aquella mujer valiente y afable. Balbuceó su agradecimiento con ojos apocados y a punto estuvo Macarena de invitarle a conversación en un banco de la calle o en un bar.

    "A ver si la tranquilizo."

    Pero en ese momento, aún presidido por la turbación y una manifiesta inseguridad en su comportamiento, Begoña no tenía ganas de contar la historia de cuarenta y seis años de frustraciones. Guardó la tarjeta en su bolso y se despidió esbozando una sonrisa que a Macarena no le pareció forzada.

    Gracias.

    Ya sabes.

    De esto hace año y medio. 

(De la obra Nada que no solucione una buena traza de chocolate).

  

 

Miguel Ángel Olmedo Fornas

¬ 09/02/2018